La historia del embalse de Entrepeñas es, sin lugar a dudas, la historia de la transformación radical de una región. Lo que comenzó como un ambicioso proyecto hidrográfico a mediados del siglo XX, terminó convirtiendo a la provincia de Guadalajara en un referente turístico y deportivo sin precedentes en el interior de España.
Los orígenes del Embalse de Entrepeñas
Para entender la magnitud de este lugar, debemos remontarnos a las décadas de los 40 y 50. La presa de Entrepeñas, una impresionante obra de ingeniería civil para su época, se levantó sobre la profunda garganta que el río Tajo había excavado en la roca caliza cerca de Sacedón.
Las obras culminaron y el embalse se terminó de construir en 1956, iniciando su llenado paulatino para regular las aguas del río más largo de la península ibérica. Con una altura de presa de 87 metros y una capacidad para inundar más de 3.200 hectáreas, el paisaje de valles y hoces quedó sepultado bajo el agua, dando lugar a un ecosistema visualmente sobrecogedor de cañones, aguas turquesas y colinas de pinos.
¿Qué Había Antes bajo las Aguas de Entrepeñas?
Antes de que se formara este inmenso pantano, el paisaje estaba dominado por la profunda hoz del Tajo, rodeada de huertas, molinos tradicionales y caminos ancestrales.
La construcción de la presa (que requirió miles de trabajadores) fue una obra faraónica que obligó a sacrificar infraestructuras vitales. El embalse no solo sepultó tierras de cultivo, sino que se tragó un trozo de la historia industrial de España: el trazado del mítico Ferrocarril del Tajuña (conocido popularmente como el Tren de Arganda o Tren de los Panaderos).
El avance de las aguas inundó para siempre las vías y la antigua estación de tren de Alocén, que hoy yace en el fondo del pantano. Este hecho obligó a desmantelar y clausurar esta línea ferroviaria histórica, cambiando la forma de comunicarse de los pueblos de la zona para siempre.
¿Cómo fue su construcción? El viaducto de Entrepeñas
No podemos hablar de la historia del embalse sin mencionar otra de sus grandes joyas civiles: el Viaducto de Entrepeñas. Construido a la par que la presa y puesto en servicio a finales de los años 50, este espectacular puente de 241 metros de longitud se levantó para conectar los márgenes que el agua iba a separar, entre Chillarón y Durón. Hoy en día, conducir sobre sus grandes arcos de hormigón o navegar bajo ellos sigue siendo una de las postales más icónicas y representativas de la zona.
El nacimiento del nombre de «Mar de Castilla»
Durante los años 50 y 60, el proyecto no solo fue una colosal obra de ingeniería, sino también una enorme campaña de imagen impulsada por el régimen de la época. A través de los famosos documentales del NO-DO, la inauguración de las presas de Entrepeñas y Buendía (que juntas formaron la marca del «Mar de Castilla») se proyectó en los cines de toda España. Estos reportajes en blanco y negro mostraban la modernidad que la obra traería a la región, atrayendo aún más la atención de esos primeros turistas que terminarían desarrollando la náutica en la zona.
El Hito de 1979: La Llegada del Trasvase Tajo-Segura
La historia del embalse tiene un antes y un después muy claro a finales de los años 70. En marzo de 1979 se inauguró oficialmente el primer envío del acueducto Tajo-Segura, una inmensa infraestructura diseñada para derivar agua desde la cabecera del Tajo (los embalses de Entrepeñas y Buendía) hacia las cuencas del sureste de España. Este hito transformó por completo la dinámica hídrica del embalse, explicando las grandes fluctuaciones en sus niveles de agua a lo largo de las últimas décadas y añadiendo un matiz crucial para entender su realidad actual.
¿Cuando empezó con la navegación creativa?
A principios de los años 60, con el embalse ya consolidado y en sus cotas más altas, surgió un fenómeno curioso e inesperado. Los habitantes de Madrid y de la propia Alcarria descubrieron, asombrados, que tenían un auténtico «mar» a las puertas de casa.
Fue entonces cuando la historia del embalse de Entrepeñas dio un giro hacia el ocio. La navegación recreativa, hasta entonces reservada casi exclusivamente para las zonas costeras, empezó a florecer en pleno centro peninsular. Las carreteras comenzaron a llenarse de coches con pequeñas embarcaciones en sus bacas, y muchos madrileños convirtieron el entorno de Entrepeñas en su refugio predilecto al que escapar todos los fines de semana, huyendo del calor y el asfalto de la capital.
Los clubes pioneros dentro de la historia del Embalse de Entrepeñas
El rápido auge del turismo náutico requería de infraestructuras, y es aquí donde nacen las instituciones que moldearon el carácter deportivo de la zona.
El Club Náutico de Sacedón (y su entorno en la urbanización Las Brisas) fue el gran dinamizador inicial, convirtiéndose rápidamente en el epicentro social de la comarca. Durante los años 70 y 80, sus instalaciones vivieron una época dorada: en sus aguas se organizaban campeonatos y regatas nacionales que atraían a la élite de la vela española. La imagen del pantano salpicado por cientos de velas blancas se convirtió en un icono de la época.
Poco después, otros núcleos ribereños como el propio pueblo de Alocén empezaron a desarrollar sus propias actividades, atrayendo a familias enteras y creando una arraigada tradición náutica que ha pasado de padres a hijos durante más de seis décadas.
¿Cómo esta el Embalse de Entrepeñas en la actualidad?
A pesar de los altibajos en el nivel del agua sufridos en décadas recientes debido a los trasvases y los ciclos de sequía, el espíritu pionero de aquellos primeros navegantes sigue intacto.
Navegar hoy en Entrepeñas, ya sea en un velero tradicional, en una moderna lancha a motor o remando sobre una tabla de paddle surf, es continuar con ese legado de amor por el agua dulce. La historia del embalse de Entrepeñas nos enseña cómo el ser humano es capaz de adaptarse e integrarse en el paisaje, creando una cultura del ocio respetuosa con el medio ambiente que sigue atrayendo a miles de visitantes cada año.
No hay mejor forma de empaparse de la historia de esta región que contemplándola desde sus mejores miradores. En Las Vistas de Alocén, nuestra casa rural, te ofrecemos un balcón privilegiado hacia este «Mar de Castilla».
Ubicados en uno de los pueblos pioneros de la tradición náutica de la zona, podrás descansar en un alojamiento con todo el encanto de la arquitectura alcarreña tradicional. Imagina despertar, desayunar en el jardín observando la inmensidad del embalse que transformó la geografía de Guadalajara, y bajar a sus orillas para formar parte de su historia navegando en sus aguas. ¡Te esperamos para que vivas tu propia aventura en la Alcarria!








